Siguiendo los pasos de San Francisco

Hola a todos!!

 Después de las interminables caminatas, dolores de pies, ampollas y dormir poco, estamos teniendo la suerte inmensa de poder disfrutar durante dos días de la ciudad de Francisco y Clara. Dos días relajados en los que empaparnos de sus vidas y recorrer los lugares por donde ellos jugaron y rieron de niños, por donde harían travesuras de adolescentes y, sobre todo, por los lugares donde tuvieron la conversión y la dedicación plena a Dios y a la refundación de la Iglesia. 

Y todo ello en una ciudad que conserva maravillosamente la esencia medieval que vivieron Francisco y Clara.

 Tras disfrutar de la Basílica dedicada a San Francisco y visitar su tumba, que ya os mostramos en el anterior capítulo, ayer comenzamos la visita de los lugares franciscanos por el Eremo dei Carceri (Eremitorio de las cárceles). Llamado así porque San Francisco y sus compañeros iban allí a “encarcelarse” voluntariamente en cuevas y dedicarse a la oración.  

Se encuentra en el monte Subasio, a unos 5 km de Asís, en una zona escarpada llena de cuevas. Posteriormente los monjes construyeron allí un pequeño monasterio sobre la cueva que usaba San Francisco.

 Alli Don Guido nos explicó la relación de este lugar con San Francisco. Especialmente en su interrelación con la naturaleza: los pajaritos, las estrellas, el hermano sol y la hermana luna. 

 En el interior, se pasa por la cueva donde oraba y dormía San Francisco.

 A la salida de la cueva se encuentra un árbol centenario que la tradición sitúa como uno en los que San Francisco hablaba con los pajarillos.

 En los alrededores del Eremitorio está el bosque con más cuevas, donde se retiraban los demás franciscanos. 

 Allí visitamos la cueva de Fray Leone. Y cerca de ella hicimos la oración de la mañana.

 Tras bajar de nuevo a Asís, llegaba el momento de visitar al alma gemela de Francisco: Clara de Asís. Después de morir, las Clarisas, que vivían en la Iglesia de San Damián, decidieron construir una gran iglesia para su fundadora y trasladar allí sus restos mortales. 

 Dentro de la iglesia, además de la cripta con el cuerpo de la Santa y varias reliquias como los hábitos que usaban ambos, se encuentra uno de los recuerdos más importantes de la vida de los dos Santos: la Cruz de San Damián. Trasladada a la iglesia de Santa Clara, desde la pequeña iglesia de San Damián, fue clave en los inicios de la vida de Francisco ya que fue este Cristo el que le habló y le dijo: “Francisco, reconstruye mi iglesia que está en ruinas”. Os dejo la foto de una reproducción ya que la original no se puede fotografiar.

 El siguiente punto fuerte de nuestro recorrido era la Catedral de San Rufino. 

 Allí se conserva la pila bautismal donde fueron bautizados Francisco y Clara. De ese agua el Espíritu infundió una fuerza extraordinaria que ellos dos supieron aprovechar para ser herramientas de Dios en el mundo. 

 Otro de los lugares que pudimos visitar fueron los restos de la casa natal de Francisco. Sobre ellos se construyó una iglesia en cuyo interior se conserva una pequeña celda en la que Pietro di Bernardone, padre de Francisco, encerró a su hijo para quitarle de la cabeza sus ideas.

 También se conserva la puerta original de la casa.

 Por la tarde, bajamos al llano desde la colina de Asís.

 Allí, está otro de los lugares clave en la vida de Francisco y del franciscanismo: la Porciúncula.

 Esta pequeña ermita fue el lugar de referencia para los primeros franciscanos. Allí vivía San Francisco con sus compañeros en chozas alrededor de esta pequeña capilla. En siglos posteriores se construyó una gran Basílica en cuyo interior está la Porciúncula. 

 Junto a la Porciúncula está la Capilla del Tránsito, donde murió San Francisco así como la choza donde se retiraba a orar, el jardín donde las zarzas se convirtieron en rosas…

 Allí, en la Basílica de Santa María de los Ángeles, tuvimos la celebración penitencial y la Eucaristía.

 Volvimos al seminario de Asís, donde nos hemos alojado estos días, ya de noche. Eso nos permitió tener una privilegiada panorámica nocturna de la Basílica de San Francisco.

 Hoy ha llegado el día en que debemos dejar Asís. Han sido dos días intensos en los que nos hemos impregnado del espíritu de San Francisco. Pero aún nos quedaba por visitar uno de los lugares más simbólicos de Asís: la iglesia de San Damián.

 Probablemente es el lugar que mejor conserva la sencillez de Francisco y Clara. Aquí fue donde empezó todo. Una iglesia pequeña semiderruida adónde se retiró como ermitaño Francisco después de su conversión. Aqui, como decíamos antes, tuvo lugar la revelación en la que Jesús le envió a reconstruir su iglesia (no de una manera física sino espiritual). Un lugar cargado de interpelación para todos los que estábamos ahí. 

Cuando Santa Clara se unió al movimiento iniciado por Francisco, San Damián se convertiría en el lugar donde pasaría el resto de sus días y donde se inició la Orden de las Damas pobres de San Damián, posteriormente conocidas  como Clarisas. 

En el pórtico hemos rezado los Laudes y Don Guido nos ha explicado más momentos de la historia de este lugar.

 Una vez en el interior del convento, ha sido una gozada poder saborear cada rincón del mismo. Empezando por el sencillo pero coqueto claustro.

 O el refectorio donde comían las Clarisas.

 Y cómo no, el dormitorio general donde dormían todas las hermanas juntas. En un rincón del mismo falleció santa Clara, 27 años después que San Francisco.

 La visita a San Damián ha concluido con la Eucaristía en una capilla del claustro. Esperemos que salgamos de aquí con el corazón tocado por el testimonio valiente de Francisco y Clara.

 Así nos despedimos de Asís, objetivo de nuestra peregrinación. Hemos aprendido mucho de la vida de Francisco. Hemos celebrado en lugares con una carga espiritual intensa. Ahora, debemos trasladar todo lo vivido y rezado a Vitoria, a nuestra Diócesis, nuestras parroquias, nuestros colegios, nuestras familias…

Hoy nos desplazamos a Peruggia, pero siempre quedará en nuestra memoria lo vivido en la ciudad de Francesco.

 Besos y abrazos!!

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