Profundizando en los orígenes del cristianismo

Hola a todos de nuevo!!

Continuamos pateando Roma intentando sacar el máximo partido a la ciudad. Hay tanto que ver que nos falta tiempo para poder llegar a todo. De todas formas, ya nos encargamos de andar kilómetros para poder saborear todo lo que podemos.

Tras ver muchas de las grandes ruinas de la Roma imperial, continuamos profundizando en la Roma cristiana. Vistas ya las catacumbas y la Basílica de Santa María la Mayor, le ha tocado el turno al centro del mundo católico: la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Eso de peregrinar a Roma con obispo incluido tiene sus ventajas. Y hoy hemos podido disfrutar de una de ellas. De nuevo somos privilegiados por haber podido celebrar la Eucaristía en un lugar especial. Ni más ni menos que en la Basílica de San Pedro y, más concretamente, en las grutas vaticanas donde están enterrados los Papas.

Allí, hemos sido interpelados, al igual que Moisés delante de la zarza ardiendo, por nuestra misión. Una gran responsabilidad como jóvenes cristianos en una Europa tan secularizada.

A escasos metros de donde hemos celebrado la misa, se encuentra la capilla Clementina que está contigua a la tumba de San Pedro.

Ante los restos del amigo de Jesús hemos proclamado nuestra fe por medio del Credo, renovando nuestro compromiso con la Iglesia. Y, también, hemos cumplido la tradición de tocar el pie de la estatua de San Pedro. Pie totalmente desgastado por el roce de tantas manos devotas a lo largo de tantos siglos.

Tras hacer las visitas obligadas a la Piedad de Miguel Ángel y a las tumbas de los Papas, nos hemos aventurado con la subida a la cúpula de San Pedro. 531 escalones que nos permiten tener unas vistas inmejorables de la Basílica y del Vaticano. Desde arriba se ve cómo la columnata se abre como dos brazos abiertos abrazando a Roma y a la humanidad. Y se obtienen vistas de las estatuas y de la cúpula desde perspectivas muy diferentes a las que estamos acostumbrados. Y, claro está, también de los jardines vaticanos y resto de dependencias de la Santa Sede.

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Tras dejar el Vaticano, bien cuidado por los coloridos soldados de la Guardia Suiza, volvimos a gastar suela de zapatilla, recorriendo numerosos puntos de interés.

El primero que nos encontramos por el camino fue el Castillo de Sant’Angelo.

De allí nos dirigimos a la Piazza Navona con su espectacular fuente de los cuatro ríos donde empezó una guerra de agua que acabo con nuestras camisetas empapadas…

Muy cerca de allí, está la iglesia de San Luis de los franceses. Allí destaca el cuadro de La vocación de San Mateo de Caravaggio, una de las obras maestras de este autor.

Visitamos más lugares por el centro de Roma como en Panteón, la iglesia gótica de Santa María Sopra Minerva,… pero no vamos a aburriros con la descripción.

Después de comer y de tener tiempo libre nos alejamos del centro para visitar la tercera Basílica mayor: la Basílica de San Pablo Extramuros.

Se encuentra en el lugar donde fue enterrado San Pablo y se caracteriza por el espectacular mosaico de su ábside y por los medallones de todos los Papas que decoran sus paredes.

Como os podéis imaginar, acabamos molidos de tanto tute caminando, así que volvimos a nuestra “casa romana” para descansar.

Antes de ir a dormir, tuvimos un encuentro muy bonito y productivo donde recogimos parte de lo que habíamos reflexionado todo el día y que reforzó, más si cabe, la unión que reina entre todo el grupo.

Hoy jueves ha sido nuestro último día en Roma. Como todos estos días atrás, hemos empezado con un momento intenso y privilegiado.

Nuestra mañana ha girado alrededor del vasco más universal de todos los tiempos: San Ignacio de Loyola.

Nuestro paisano, fundador de los jesuitas, desarrolló gran parte de su tarea desde sus aposentos en lo que ahora es el convento del Gesú, iglesia prototipo del barroco de la Contrarreforma.

Cuando digo que hemos sido privilegiados, lo digo porque hemos celebrado la Eucaristía ni más ni menos que en las estancias donde vivía San Ignacio y, más concretamente, en la habitación donde murió.

Impresiona poder recorrer los lugares donde vivió el santo, donde dirigió los inicios de la Compañía de Jesús, donde envío a otros compañeros a evangelizar las Indias Orientales…

Ha sido una gozada celebrar en un lugar tan especial y en un ambiente de amistad. Esperemos que nos empape el carácter y la fuerza del Santo en la misión de cada uno de nosotros.

El resto de la mañana lo hemos pasado callejeando, entrando en varias iglesias, visitando ruinas de la Roma imperial.

La mañana la hemos terminado en la Plaza de España, punto de encuentro de romanos y turistas y punto también para visitar la Iglesia de la Trinidad dei Monti en lo alto de las escaleras, o las exclusivas tiendas de la Via Condotti.

Ya se nos acababa la estancia en Roma y todavía nos quedaba por ver la cuarta Basílica mayor: San Juan de Letrán. Imponente templo con sus espectaculares estatuas de los apóstoles que es la Catedral de Roma.

Con la visita al baptisterio de la catedral, completábamos la visita a las cuatro basílicas mayores. Espectaculares todas ellas y que nos hablan del gran esplendor artístico del barroco romano.

Nuestra visita no terminó alli puesto que todavía dedicaríamos una visita a la “Scala Santa”. Según dice la tradición, es la escalera del Pretorio que Jesús subió antes de ser juzgado y que Santa Elena trajo desde Jerusalén. La tradición también dice que se ha de subir la escalera de rodillas y así lo hemos hecho. Mientras lo hacíamos hemos rezado por todos lo que nos habéis pedido nuestras oraciones.

Una vez en el albergue y tras cenar, hemos tenido nuestro encuentro de reflexión compartida del día.

Hemos continuado con lo compartido ayer relacionándolo con cuál es nuestra misión como jóvenes cristianos. Toda una responsabilidad y todo un reto.

Mañana dejamos Roma para encontrar a nuestros compañeros italianos con los que compartiremos la peregrinación a Asís. Pero eso lo dejaremos para el próximo capítulo…

Besos y abrazos desde Roma!!

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